Los fisioterapeutas, en muchos casos, tenemos “la clave” para ayudar al paciente en la mejora de su patología. Disponemos de un amplio repertorio de técnicas con las que desencadenar mecanismos descendentes para reducir el dolor o mejorar la inflamación; o bien mejorar el rango de movimiento de una articulación y la función.

Todo esto, es impensable sin un acuerdo previo entre fisioterapeuta y paciente, donde se estipularán los pasos de la recuperación de la patología. Ahora bien, ¿qué ocurre con ese pensamiento de: “a mí que me curen”?, o ¿qué ocurre con los miedos, con las creencias erróneas?

Es importante aclarar que me estoy refiriendo a pacientes crónicos, donde el paciente lleva mucho tiempo con su dolor y: “soy consciente de que este dolor de espalda no me va a desaparecer nunca”. En este medio, los fisioterapeutas tenemos mucho trabajo por hacer, empezando por considerar al paciente como un ser biopsicosocial.

Se habla mucho de esto pero, ¿qué significa biopsicosocial?

Las creencias de una persona no sólo son una forma de pensar, sino que somos un conjunto de experiencias, de recuerdos, de decisiones que nos van moldeando desde que nacemos. Nuestra interacción con el medio, nuestra sociabilización, va desarrollando un planteamiento, unas ideas, unas creencias con las que desenvolvernos en ese medio de una manera más o menos solvente.

Llevándolo al nivel de la patología, el dolor ha ido moldeando también los conceptos en el cerebro, encaminando a la persona con dolor crónico hacia unas creencias o pensamientos poco o nada válidos en muchas ocasiones (neuroplasticidad negativa).

En este caso, los fisioterapeutas tenemos un gran trabajo por delante, somos los especialistas del movimiento, comprendemos muy bien las estructuras y cómo funciona el dolor. Sabemos cómo atraer el cambio, cómo mejorar la calidad de vida del paciente, pero éste se nos escapa, nos dice adiós con la manita frente a nuestra boca abierta, ¿por qué?

Diferentes autores han investigado sobre este tema. R. Ferro García y cols (1) han resumido en su artículo 10 variables que influyen en la adherencia del paciente al tratamiento:

  • Estado motivacional del paciente
  • Aspectos desagradables o aversivos de la situación de consulta
  • Comprensión de las instrucciones
  • La historia de interacciones entre el paciente y el profesional que da la prescripción
  • La especificación de las consecuencias de seguir las instrucciones y de no seguirlas
  • La incompatibilidad entre las actividades diarias del paciente y la propia prescripción
  • La complejidad de las acciones de la prescripción
  • La historia personal o repertorio de seguir instrucciones del propio paciente
  • El tipo de consecuencias de las actividades prescritas y su distribución temporal
  • Aceptación por parte del paciente de que el dolor y el sufrimiento forma parte de la vida

 

La comunicación con el paciente es, pues, esencial. Pero como hemos estado diciendo, el paciente es un ser biopsicosocial, y existe un factor en muchos casos esencial que es que la persona “no se quiere curar”. Aquí entra en juego la psicología, y Dios me libre de meterme en campo ajeno, pero quizás sea uno de nuestros problemas al tratar con un paciente, y no está de más estar informado para que la frustración no sea nuestra aliada.

Estar enfermo en muchas ocasiones se convierte en un refuerzo positivo por parte de nuestros más allegados. Los cuidados y la atención que éstos prestan al enfermo pueden suponer que éste se sienta a gusto con ese extra.

Estos casos pueden existir y es importante reconocerlos. La CIF es una gran herramienta para ver a la persona en su totalidad y las banderas amarillas deberían saltar en nuestro razonamiento clínico.

La revisión sistemática de S. George (2) indica la necesidad de tratamiento con un equipo multidisciplinar, aunque como fisioterapeutas, y de manera individual, podemos hacer mucho por nuestro paciente:

  • Pone énfasis en la educación y el hacer partícipe a la persona en su recuperación. Educar sobre la fisiología del dolor y de cómo funciona el sistema nervioso reduce el nivel de sensibilización.
  • Aprendizaje en ambos sentidos, entre fisioterapeuta-paciente y paciente-fisioterapeuta. Interactuando, se realizará un aprendizaje motor a través de inputs
  • Mejorar el locus de control interno del paciente a través de la exposición graduada, donde el paciente deberá ser capaz de enfrentarse a decisiones y resolverlas positivamente.

 

A pesar de todo, el trabajo conjunto con otros profesionales de la salud son los que mejor resultado aportarán a este tipo de pacientes.

Conclusión: tenemos la responsabilidad como profesionales de la salud, aportar herramientas suficientes al paciente para que éste tome las riendas de su mejoría mientras le acompañamos hacia la mejora. Es un acto de interacción mutua y la llave la tiene el paciente.

  1. Ferro García R, García Ríos M, Vives Montero M. Un análisis de la adherencia al tratamiento en fisioterapia. Fisioterapia. Elsevier; 2004 Nov 1;26(06):333–9.
  2. George S. What is the Effectiveness of a Biopsychosocial Approach to Individual Physiotherapy Care for Chronic Low Back Pain? Internet Journal of Allied Health Sciences and Practice. 2008.
Categorydeporte, lesiones, salud
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