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Un buen estudio de la pisada

Un buen estudio de la pisada, realizado por profesionales médicos cualificados, es capaz de detectar descompensaciones posturales, desequilibrios posturales y anomalías o lesiones en pies, rodillas y caderas e incluso de espalda. Conocer cómo funciona nuestro cuerpo en movimiento y en prevenir posibles lesiones es importante ya que al reduce el riesgo de padecer lesiones y con lo cual el tiempo de inactividad deportivas.

Si vamos a realizar cualquier tipo de deporte de impacto para las articulaciones es importante que realicemos previamente un estudio biomecánico de la pisada, no obstante no solo recibiremos la información de saber cómo pisamos o que zapatillas debemos comprar o si necesitamos o no unas plantillas sino que nos puede ayudar a prevenir posibles lesiones y a correr de una manera más eficaz y eficiente para conseguir nuestros objetivos o metas.

¿Qué pruebas incluye un estudio de pisada clínico?

Es importante que diferenciemos entre un estudio de pisada clínico y el estudio que se puede realizar en tiendas deportivas. Si lo que queremos obtener es un diagnóstico clínico completo, que nos oriente sobre lesiones pasadas y posibles lesiones futuras y cómo prevenirlas, o si necesitamos apoyo de fisioterapia o de otra disciplina sanitaria, es importante que nos dirijamos a una clínica especializada en la que un podólogo pueda realizar un diagnóstico sobre nuestra forma de pisar y pueda prescribir el tratamiento necesario para nosotros. . Estudio biomecánico de la pisada, que consiste en analizar el pie tanto en posición estática (simplemente estando parados de pie) como en movimiento (andando y en carrera), y analizar cómo este movimiento afecta a otras parte del cuerpo (rodilla, cadera y espalda). Por lo tanto, este estudio está encaminado a evitar o reducir ciertos problemas médicos, como pueden ser esguinces, tendinitis, sobrecargas musculares, basculaciones pélvicas, etcétera.

Tipos de pisada

Dentro del estudio de pisada en clínica se nos realizará una pequeña entrevista (anamnesis) para conocer nuestra historia clínica y el tipo de entrenamiento o vida activa que llevamos. Tras esto se realiza una exploración en camilla en la que se valoran los rangos articulares de tobillos, rodillas y caderas. Los test biomecánicos evalúan cuál es nuestro tipo de pie, y desde ahí pasamos a las pruebas sobre la plataforma de presiones (Análisis estático de la postura y de la huella del pie): estas nos ofrecen datos sobre nuestra huella plantar, y de manera dinámica (Análisis dinámico de la postura y de la huella del pie). El paciente deberá caminar –y, probablemente, correr– encima de la plataforma de presiones, como si estuviera utilizando una especie de cinta de corre, obtendremos indicadores de cómo se comporta nuestro cuerpo en movimiento.

  • Pie pronador

    La mayoría de los corredores tiene un pie pronador, aunque esto es un efecto fisiológico que hace el propio pie para adaptarse a los diferentes tipos de terreno y así evitar lesiones. En este caso, tanto el tobillo como el pie actúan como los amortiguadores, dando seguridad a la pisada para que se haga de una forma natural y adaptativa.

    La pronación se produce en la articulación subastragalina del pie, ubicada debajo del tobillo. La pronación es la rotación del pie hacia el interior en el momento en que éste entra en contacto con el suelo. Este momento se denomina contacto inicial y forma parte de la fase de apoyo del pie durante el ciclo de la pisada. el problema empieza cuando dicha inclinación es superior a lo que se estima como normal se conoce como pronación severa se produce cuando la rotación del pie es excesiva o cuando la rotación del pie no debería producirse y sin embargo se produce durante la fase de apoyo del ciclo de la pisada, entonces el especialista debe valorar la necesidad de utilizar una plantilla correctora.

  • Pie supinador

    El pie supinador realiza el efecto contrario al pie pronador, es decir, de manera natural no se lleva a cabo, o apenas lo hace, ese giro hacia el interior para salvar obstáculos del terreno, por lo que el pie apoya principalmente por su parte externa.
    La supinación se produce cuando la rotación del pie es menor. El ángulo de rotación es mayor cuando el lateral exterior del talón de la zapatilla entra en contacto con el suelo, resultando en una mayor transmisión del impacto del golpe a la parte superior de la pierna. El peso del cuerpo se sostiene sobre el lateral de la zapatilla durante la fase de apoyo del pie, afectando a la eficiencia de la zancada.
    El hecho de que la parte externa del talón de las zapatillas esté desgastado no es motivo suficiente para pensar que tenemos un pie supinador, puesto que el auténtico pie supinador apoya todo el lateral externo (no sólo el talón), con lo que el desgaste de la suela de la zapatilla debería ser a lo largo. Este matiz hace que el porcentaje de personas que tienen un pie supinador sea muy bajo, y se estima que tan sólo el 10% de las personas lo tienen.

  • Pie neutro

    En tercer lugar, el pie neutro, también conocido como pie universal o pie normal, es aquel que no suele ejercer movimiento ni hacia dentro ni hacia fuera cuando pisa. Cuando una persona tiene un pie neutro, camina como si tuviera un desplazamiento lineal, ya que tanto el primer impacto al pisar (en el talón), como el segundo de apoyo, se hacen en una especie de línea recta virtual.
    Si las suelas de tus zapatillas muestran un patrón de desgaste en forma de S a lo largo de todo el lateral exterior (desde el talón hasta la puntera), es muy posible que tu pisada o pronación sea neutra.

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